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Clarín entrevistó a la esposa de Gabriel Reyna

Crimen del policía en San Pedro: "Mi marido me advirtió que no confiara en sus compañeros"

La mujer del policía asesinado fue entrevistada por el diario Clarín y reveló detalles desconocidos hasta el momento. Los acusados no serán condenados por el asesino y durante el juicio se confirmó que la bala que lo mató fue cambiada. 

Ampliar imagen Lorena Cardozo, esposa de Juan Gabriel Reyna. Nota de JUAN JOSÉ GARCÍA
Lorena Cardozo, esposa de Juan Gabriel Reyna. Nota de JUAN JOSÉ GARCÍA

Por: San Pedro Informa

Lorena Cardozo, esposa de Juan Gabriel Reyna, cuenta que tras el crimen de su marido la llamaron para exigirle salir en los medios hablando bien de los policías de San Pedro y la amenazaron por teléfono. Asegura que la primera fiscal que tuvo la causa nunca la atendió y que el segundo no la dejó declarar. Hasta el día de hoy siente miedo. Un miedo que, aclara, durante un tiempo no le permitió luchar como le hubiese gustado para llegar a la verdad. Su marido se lo había advertido: “Si me pasa algo no le pidas ayuda a mis compañeros. Acordate: yo no tengo amigos en la Policía, no confíes en ellos. Cuidá a nuestros hijos, nada más”.

El juicio le reavivó el dolor. En un principio creía que llegar a esa instancia significaría cerrar una etapa de su vida. Pero no. Fue a la última audiencia resignada: sabía que los únicos dos acusados no eran los asesinos.

 

“Desde un principio dije que a mi marido lo mataron sus compañeros”, le cuenta a Clarín en uno de los bares de la plaza de San Nicolás, donde vivía la víctima. Cuando se le pregunta por la placa y el monolito que recuerda a Reyna en la comisaría de San Pedro, Lorena se ríe. Cuenta que ninguno de ellos se acercó para ayudarla. “La culpa no los deja ni los dejará acercarse a mi familia. Patricia Melgar, la compañera que estuvo en el hecho, le puso el nombre de mi marido a su hijo. Eso es la culpa. Ella sabe bien qué pasó en la joyería”.

Para entender la postura de Cardozo hay que ir hacia atrás. El 22 de septiembre de 2012, en un accidente de tránsito, murió un joven identificado como Ezequiel Primoy. Su auto quedó secuestrado en un depósito fiscal. Un año después sus padres obtuvieron el permiso para retirarlo. Pero el Volkswagen Vento no estaba completo: le faltaba el motor y tenía otras cuatro ruedas, de inferior valor a las originales. La familia de la víctima hizo la denuncia y tres policías quedaron involucrados. “El cuaderno de entrada y salida de autos desapareció”, recuerda Lorena. “Mi marido estaba como testigo de la causa y me contó cómo esos tres policías lo amenazaban para que declarara a favor de ellos. Eso lo tenía mal. Las amenazas habían empezado cinco meses antes del día de la joyería”.

Reyna había ingresado a la Bonaerense en 2003. Según el recuerdo de su esposa, amaba ser policía y vivía diciendo que le gustaba “combatir la delincuencia”. Estuvieron juntos 17 años y tuvieron dos hijos. Vivían en San Nicolás. Reyna viajaba cada día en su Ford Falcón hasta la comisaría de San Pedro, donde trabajaba.

Lorena recuerda que desde la muerte de su marido hubo actitudes de los policías que llamaron su atención: ninguno de sus compañeros se acercó a su casa. Un comisario recién la llamó para avisarle sobre el crimen tres horas después del flash del noticiero. Una mañana contó todo en un medio local. A los pocos días, en la Departamental de San Nicolás le pidieron si podía volver a hablar con los periodistas, pero “limpiando” a la Policía. Como se negó, a los días la amenazaron por teléfono. También recibió un llamado anónimo: del otro lado de la línea le preguntaban si quería saber la verdad y hasta le ofrecieron un video de lo que ocurrió en la joyería. Las mismas imágenes que en la fiscalía le dijeron que “se habían borrado por la humedad”.

Las críticas de Cardozo también alcanzan al fiscal del caso, Hernán Granda. “Una vez lo fui a ver a su oficina y me dijo:‘Si te citamos como testigo es solo para que cuentes que tu marido era un buen padre. Todo lo demás es para entorpecer la causa. Y la hipótesis ya está armada. Falta nada para que empiece el juicio’. Me fui de ahí con mucha bronca por no poder contar la verdad. Por eso decido hacerlo ahora”, explica

 

CLARIN


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