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El Pato Morresi y "Entre Tuercas" estuvieron presentes

A 30 años de la experiencia Argentina en las "24 Horas de Daytona"

A 30 años de la experiencia Argentina en las "24 Horas de Daytona"

Pasa el tiempo y es un recuerdo imborrable. La "Misión Argentina" en las "24 Horas de Daytona" fue un hecho histórico y San Pedro dijo presente con el "Pato" Morresi como abanderado.
San Pedro Informa
sábado 21 de ene.
A 30 años de la experiencia Argentina en las "24 Horas de Daytona"

Un 21 de enero de 1993 los pilotos más representativos del TC del momento integraron la "Misión Argentina" en las "24 Horas de Daytona", una de las carreras más clásicas del mundo entre las de larga duración.

El auto nº 25 fue conducido por Emilio Satriano, Jorge Oyhanart, Eduardo Ramos y Fabián Acuña. En el nº 23, Cocho López, Oscar Aventin, Juan Manuel Landa y el recordado Osvaldo Morresi. 

La delegación se completó con otros pilotos, dirigentes y colaboradores, mientras que también hubo una equipo compuesto por varios sampedrinos que acompañaron al "Pato" Morresi y hasta se dieron el gusto de cubrir como medio de comunicación lo que sucedía por esos días en EEUU.

El periodista Eduardo Dlapa, y los camarógrafos Eduardo Campos y Aldo Nocera eran pare del programa de la tv local "Entre Tuercas" y estuvieron acompañados por Jorge Schallibaum, Juan Rotundo con su hijo y Alberto Peyrot.


Al cumplirse 30 años de aquella inolvidable experiencia, Guillermo Blanco publicó en su cuenta de facebook todo lo que significó ir y correr en una de las categorías más exigentes del mundo:

"CUANDO SE PUSO ALMA, CORAZON Y VIDA… LA GENTE DEL TC FUE A DAYTONA"

"Fue un 21 de Enero como hoy, pero de 1993, la “troupe” argentina llegaba a Estados Unidos, y se dirigía al Daytona Internacional Speedway, escenario de las míticas “24 Horas de Daytona” que se correrían el fin de semana del 24 y 25 de Enero. Allí los espera el equipo de Dale Kreider, con dos Cutlass Supreme V8 celestes y blancos, colores distintivos de la Misión Argentina TC. Jorge Oyhanart, Emilio Satriano, Fabián Acuña y Eduardo Ramos sería la tripulación del auto número 25. Oscar Aventín, Juan Manuel Landa, Osvaldo Morresi y “Cocho” López en el vehículo 23. Emilio Satriano, Oscar “Pincho” Castellano, Roberto Oubiña y Domingo Martínez acompañaban la delegación como espectadores, aunque terminaron siendo fundamentales en la parte mecánica, dando clase (si se permite el término) a los mecánicos americanos. Juan Carlos Deambrosi, presidente de la ACTC; José Luis Barraza, de TC La Revista; Mabel, traductora; y algunos medios argentinos más.

La Misión había sido pergeñada en 1992, y entre la nómina de pilotos aparecía el “Toro” Roberto Mouras, fallecido en Lobos de ese año. El resto de los pilotos, todas figuras del TC de los ’90, con la premisa de representar bien a su categoría y rendirle homenaje al ídolo que los acompañaría desde otro lugar. Una pista difícil, una carrera de largo aliento para pilotos que, en ese tiempo, poco se fijaban en preparaciones físicas, una potencia que asustaba hasta a los valientes argentinos que sabían de riesgos en las rutas autóctonas. La Misión parecía imposible, tal cual la serie televisiva, pero a través de mucho esfuerzo y corazón, íconos distintivos del TC a lo largo de toda su historia, fue posible

Luego de algunos problemas en suspensión y frenos, que habían desnudado falencias puntuales en los autos, la clasificación mostró al “23” 35º en la general y 13º en su clase, en tanto el “25” se ubicaba 27º y 11º respectivamente. Como dato anecdótico vale mencionar que el “Vasco” de Pilar había sido el más veloz de todos el grupo con 1.58.3, tiempo que no pudo reiterar clasificando y que lo hubiese colocado mucho más adelante. A las 15 hs se largó la prueba en el trazado de 5728 metros de extensión, con Aventín y Oyhanart iniciando la misma. Hasta la hora 22 de ese día, transcurridas 7 horas de competencia, los problemas en los chasis se iban sucediendo uno tras otro, y ahí entraron en acción los espectadores argentinos, sabios técnicos, para colaborar con los mecánicos de Kreider en pos de alcanzar el final. Posteriormente los autos iban parejos, y el “25”, que era el más regular, debió ingresar a boxes con problemas en el cardan. Reparado el inconveniente volvió a pista, y a las 10 de la mañana del domingo, ya con la meta a la vista, les dio el momento de máxima angustia: Aventín dejo el volante a Landa, a quien le avisó que l auto era inmanejable. El marplatense luchó con la indocilidad de la unidad hasta que la misma directamente no viraba, y así entró a los pits para intentar solucionar el tema. La solución no era sencilla: había que soldar una parrilla de suspensión delantera. Y ahí, el mítico Daytona tuvo espíritu de TC. Pilotos, mecánicos, técnicos argentinos y hasta espectadores, asombrados por la garra del grupo, hicieron posible retornar a la carrera con el auto reparado. Faltaban solo 30 minutos para las tres de la tarde, la carrera expiraba…La decisión fue unánime, los dos autos debían cruzar la meta juntos. Así, el auto de Oyhanart y cia. esperó en la calle de boxes, y cuando el otro vehículo estuvo presto, ambos circularon juntos hasta recibir la ansiada cuadriculada.

551 giros para el “23”. 425 para el “25”. La ubicación no importa, de hecho pocos la recuerdan. Pero, lo que quedó claro y plasmado, fue el tesón de ese grupo de argentinos que sabía brillar en el Turismo Carretera y fue a hacer patria a una carrera de elite, en un país desarrollado y en un automovilismo que desconocían. El TC dejaba su marca y entraba en la historia de Daytona".



Eduardo Dlapa, periodista, director de Entre Tuercas y actual titular de este medio, también hizo referencia a lo que fueron aquellos días en EEUU.

"Que lindo recuerdo allí estuve junto a todos mis compañeros del Programa Entre Tuercas siguiendo a nuestro recordado Osvaldo Pato Morresi un programa de TV que desde San Pedro y con mucho esfuerzo logró viajar y cubrir para medios nacionales las alternativas de esta misión argentina en Daytona Canal 7 ATC en su momento revista Corsa Diario La Nación Radio del Plata y todos los medios de San Pedro.

Pasaron 30 años y la ACTC eso lo recuerda ? En esa época se hablo que habíamos escrito la historia de la categoría, será que perdieron los libros de los recuerdos???".

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Un 21 de enero de 1993 los pilotos más representativos del TC del momento integraron la "Misión Argentina" en las "24 Horas de Daytona", una de las carreras más clásicas del mundo entre las de larga duración.

El auto nº 25 fue conducido por Emilio Satriano, Jorge Oyhanart, Eduardo Ramos y Fabián Acuña. En el nº 23, Cocho López, Oscar Aventin, Juan Manuel Landa y el recordado Osvaldo Morresi. 

La delegación se completó con otros pilotos, dirigentes y colaboradores, mientras que también hubo una equipo compuesto por varios sampedrinos que acompañaron al "Pato" Morresi y hasta se dieron el gusto de cubrir como medio de comunicación lo que sucedía por esos días en EEUU.

El periodista Eduardo Dlapa, y los camarógrafos Eduardo Campos y Aldo Nocera eran pare del programa de la tv local "Entre Tuercas" y estuvieron acompañados por Jorge Schallibaum, Juan Rotundo con su hijo y Alberto Peyrot.


Al cumplirse 30 años de aquella inolvidable experiencia, Guillermo Blanco publicó en su cuenta de facebook todo lo que significó ir y correr en una de las categorías más exigentes del mundo:

"CUANDO SE PUSO ALMA, CORAZON Y VIDA… LA GENTE DEL TC FUE A DAYTONA"

"Fue un 21 de Enero como hoy, pero de 1993, la “troupe” argentina llegaba a Estados Unidos, y se dirigía al Daytona Internacional Speedway, escenario de las míticas “24 Horas de Daytona” que se correrían el fin de semana del 24 y 25 de Enero. Allí los espera el equipo de Dale Kreider, con dos Cutlass Supreme V8 celestes y blancos, colores distintivos de la Misión Argentina TC. Jorge Oyhanart, Emilio Satriano, Fabián Acuña y Eduardo Ramos sería la tripulación del auto número 25. Oscar Aventín, Juan Manuel Landa, Osvaldo Morresi y “Cocho” López en el vehículo 23. Emilio Satriano, Oscar “Pincho” Castellano, Roberto Oubiña y Domingo Martínez acompañaban la delegación como espectadores, aunque terminaron siendo fundamentales en la parte mecánica, dando clase (si se permite el término) a los mecánicos americanos. Juan Carlos Deambrosi, presidente de la ACTC; José Luis Barraza, de TC La Revista; Mabel, traductora; y algunos medios argentinos más.

La Misión había sido pergeñada en 1992, y entre la nómina de pilotos aparecía el “Toro” Roberto Mouras, fallecido en Lobos de ese año. El resto de los pilotos, todas figuras del TC de los ’90, con la premisa de representar bien a su categoría y rendirle homenaje al ídolo que los acompañaría desde otro lugar. Una pista difícil, una carrera de largo aliento para pilotos que, en ese tiempo, poco se fijaban en preparaciones físicas, una potencia que asustaba hasta a los valientes argentinos que sabían de riesgos en las rutas autóctonas. La Misión parecía imposible, tal cual la serie televisiva, pero a través de mucho esfuerzo y corazón, íconos distintivos del TC a lo largo de toda su historia, fue posible

Luego de algunos problemas en suspensión y frenos, que habían desnudado falencias puntuales en los autos, la clasificación mostró al “23” 35º en la general y 13º en su clase, en tanto el “25” se ubicaba 27º y 11º respectivamente. Como dato anecdótico vale mencionar que el “Vasco” de Pilar había sido el más veloz de todos el grupo con 1.58.3, tiempo que no pudo reiterar clasificando y que lo hubiese colocado mucho más adelante. A las 15 hs se largó la prueba en el trazado de 5728 metros de extensión, con Aventín y Oyhanart iniciando la misma. Hasta la hora 22 de ese día, transcurridas 7 horas de competencia, los problemas en los chasis se iban sucediendo uno tras otro, y ahí entraron en acción los espectadores argentinos, sabios técnicos, para colaborar con los mecánicos de Kreider en pos de alcanzar el final. Posteriormente los autos iban parejos, y el “25”, que era el más regular, debió ingresar a boxes con problemas en el cardan. Reparado el inconveniente volvió a pista, y a las 10 de la mañana del domingo, ya con la meta a la vista, les dio el momento de máxima angustia: Aventín dejo el volante a Landa, a quien le avisó que l auto era inmanejable. El marplatense luchó con la indocilidad de la unidad hasta que la misma directamente no viraba, y así entró a los pits para intentar solucionar el tema. La solución no era sencilla: había que soldar una parrilla de suspensión delantera. Y ahí, el mítico Daytona tuvo espíritu de TC. Pilotos, mecánicos, técnicos argentinos y hasta espectadores, asombrados por la garra del grupo, hicieron posible retornar a la carrera con el auto reparado. Faltaban solo 30 minutos para las tres de la tarde, la carrera expiraba…La decisión fue unánime, los dos autos debían cruzar la meta juntos. Así, el auto de Oyhanart y cia. esperó en la calle de boxes, y cuando el otro vehículo estuvo presto, ambos circularon juntos hasta recibir la ansiada cuadriculada.

551 giros para el “23”. 425 para el “25”. La ubicación no importa, de hecho pocos la recuerdan. Pero, lo que quedó claro y plasmado, fue el tesón de ese grupo de argentinos que sabía brillar en el Turismo Carretera y fue a hacer patria a una carrera de elite, en un país desarrollado y en un automovilismo que desconocían. El TC dejaba su marca y entraba en la historia de Daytona".



Eduardo Dlapa, periodista, director de Entre Tuercas y actual titular de este medio, también hizo referencia a lo que fueron aquellos días en EEUU.

"Que lindo recuerdo allí estuve junto a todos mis compañeros del Programa Entre Tuercas siguiendo a nuestro recordado Osvaldo Pato Morresi un programa de TV que desde San Pedro y con mucho esfuerzo logró viajar y cubrir para medios nacionales las alternativas de esta misión argentina en Daytona Canal 7 ATC en su momento revista Corsa Diario La Nación Radio del Plata y todos los medios de San Pedro.

Pasaron 30 años y la ACTC eso lo recuerda ? En esa época se hablo que habíamos escrito la historia de la categoría, será que perdieron los libros de los recuerdos???".

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Un 21 de enero de 1993 los pilotos más representativos del TC del momento integraron la "Misión Argentina" en las "24 Horas de Daytona", una de las carreras más clásicas del mundo entre las de larga duración.

El auto nº 25 fue conducido por Emilio Satriano, Jorge Oyhanart, Eduardo Ramos y Fabián Acuña. En el nº 23, Cocho López, Oscar Aventin, Juan Manuel Landa y el recordado Osvaldo Morresi. 

La delegación se completó con otros pilotos, dirigentes y colaboradores, mientras que también hubo una equipo compuesto por varios sampedrinos que acompañaron al "Pato" Morresi y hasta se dieron el gusto de cubrir como medio de comunicación lo que sucedía por esos días en EEUU.

El periodista Eduardo Dlapa, y los camarógrafos Eduardo Campos y Aldo Nocera eran pare del programa de la tv local "Entre Tuercas" y estuvieron acompañados por Jorge Schallibaum, Juan Rotundo con su hijo y Alberto Peyrot.


Al cumplirse 30 años de aquella inolvidable experiencia, Guillermo Blanco publicó en su cuenta de facebook todo lo que significó ir y correr en una de las categorías más exigentes del mundo:

"CUANDO SE PUSO ALMA, CORAZON Y VIDA… LA GENTE DEL TC FUE A DAYTONA"

"Fue un 21 de Enero como hoy, pero de 1993, la “troupe” argentina llegaba a Estados Unidos, y se dirigía al Daytona Internacional Speedway, escenario de las míticas “24 Horas de Daytona” que se correrían el fin de semana del 24 y 25 de Enero. Allí los espera el equipo de Dale Kreider, con dos Cutlass Supreme V8 celestes y blancos, colores distintivos de la Misión Argentina TC. Jorge Oyhanart, Emilio Satriano, Fabián Acuña y Eduardo Ramos sería la tripulación del auto número 25. Oscar Aventín, Juan Manuel Landa, Osvaldo Morresi y “Cocho” López en el vehículo 23. Emilio Satriano, Oscar “Pincho” Castellano, Roberto Oubiña y Domingo Martínez acompañaban la delegación como espectadores, aunque terminaron siendo fundamentales en la parte mecánica, dando clase (si se permite el término) a los mecánicos americanos. Juan Carlos Deambrosi, presidente de la ACTC; José Luis Barraza, de TC La Revista; Mabel, traductora; y algunos medios argentinos más.

La Misión había sido pergeñada en 1992, y entre la nómina de pilotos aparecía el “Toro” Roberto Mouras, fallecido en Lobos de ese año. El resto de los pilotos, todas figuras del TC de los ’90, con la premisa de representar bien a su categoría y rendirle homenaje al ídolo que los acompañaría desde otro lugar. Una pista difícil, una carrera de largo aliento para pilotos que, en ese tiempo, poco se fijaban en preparaciones físicas, una potencia que asustaba hasta a los valientes argentinos que sabían de riesgos en las rutas autóctonas. La Misión parecía imposible, tal cual la serie televisiva, pero a través de mucho esfuerzo y corazón, íconos distintivos del TC a lo largo de toda su historia, fue posible

Luego de algunos problemas en suspensión y frenos, que habían desnudado falencias puntuales en los autos, la clasificación mostró al “23” 35º en la general y 13º en su clase, en tanto el “25” se ubicaba 27º y 11º respectivamente. Como dato anecdótico vale mencionar que el “Vasco” de Pilar había sido el más veloz de todos el grupo con 1.58.3, tiempo que no pudo reiterar clasificando y que lo hubiese colocado mucho más adelante. A las 15 hs se largó la prueba en el trazado de 5728 metros de extensión, con Aventín y Oyhanart iniciando la misma. Hasta la hora 22 de ese día, transcurridas 7 horas de competencia, los problemas en los chasis se iban sucediendo uno tras otro, y ahí entraron en acción los espectadores argentinos, sabios técnicos, para colaborar con los mecánicos de Kreider en pos de alcanzar el final. Posteriormente los autos iban parejos, y el “25”, que era el más regular, debió ingresar a boxes con problemas en el cardan. Reparado el inconveniente volvió a pista, y a las 10 de la mañana del domingo, ya con la meta a la vista, les dio el momento de máxima angustia: Aventín dejo el volante a Landa, a quien le avisó que l auto era inmanejable. El marplatense luchó con la indocilidad de la unidad hasta que la misma directamente no viraba, y así entró a los pits para intentar solucionar el tema. La solución no era sencilla: había que soldar una parrilla de suspensión delantera. Y ahí, el mítico Daytona tuvo espíritu de TC. Pilotos, mecánicos, técnicos argentinos y hasta espectadores, asombrados por la garra del grupo, hicieron posible retornar a la carrera con el auto reparado. Faltaban solo 30 minutos para las tres de la tarde, la carrera expiraba…La decisión fue unánime, los dos autos debían cruzar la meta juntos. Así, el auto de Oyhanart y cia. esperó en la calle de boxes, y cuando el otro vehículo estuvo presto, ambos circularon juntos hasta recibir la ansiada cuadriculada.

551 giros para el “23”. 425 para el “25”. La ubicación no importa, de hecho pocos la recuerdan. Pero, lo que quedó claro y plasmado, fue el tesón de ese grupo de argentinos que sabía brillar en el Turismo Carretera y fue a hacer patria a una carrera de elite, en un país desarrollado y en un automovilismo que desconocían. El TC dejaba su marca y entraba en la historia de Daytona".



Eduardo Dlapa, periodista, director de Entre Tuercas y actual titular de este medio, también hizo referencia a lo que fueron aquellos días en EEUU.

"Que lindo recuerdo allí estuve junto a todos mis compañeros del Programa Entre Tuercas siguiendo a nuestro recordado Osvaldo Pato Morresi un programa de TV que desde San Pedro y con mucho esfuerzo logró viajar y cubrir para medios nacionales las alternativas de esta misión argentina en Daytona Canal 7 ATC en su momento revista Corsa Diario La Nación Radio del Plata y todos los medios de San Pedro.

Pasaron 30 años y la ACTC eso lo recuerda ? En esa época se hablo que habíamos escrito la historia de la categoría, será que perdieron los libros de los recuerdos???".

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