Tres nuevas variedades de
La llegada comercial, concretada en noviembre de 2025 de la mano de un productor local, marca un hito dentro de un programa de mejoramiento que se inició hace más de 15 años. Las tres variedades forman parte de un registro de 30 cultivares de duraznero desarrollado por el INTA San Pedro, cuyos nombres remiten a identidades culturales argentinas, reforzando el perfil local de estos materiales genéticos.
Desde el organismo explican que el desarrollo de una variedad frutal es un proceso largo y complejo. Según detalló el investigador Gerardo Sánchez, obtener un nuevo cultivar puede demandar al menos 15 años hasta su registro. Si bien las herramientas biotecnológicas actuales permiten anticipar ciertas características de la fruta, el paso desde el laboratorio hasta la góndola exige validaciones agronómicas, multiplicación de plantas y pruebas comerciales.
El proceso de adopción se fortaleció a partir de 2021, cuando el INTA firmó acuerdos de cooperación con cámaras de productores del norte bonaerense. A partir de ese vínculo, varias empresas comenzaron a evaluar los nuevos materiales en sus establecimientos, ya sea con ensayos a pequeña escala o con implantaciones comerciales. Esa articulación fue clave para que algunos cultivares dieran finalmente el salto al mercado.
La decisión de incorporar estas variedades estuvo ligada a atributos valorados tanto por productores como por consumidores. Un productor de la región, que necesitaba renovar su monte frutal, apostó por estos materiales priorizando la fecha de cosecha, la sanidad de planta y, sobre todo, el color y tamaño de la fruta, factores determinantes para su aceptación en la venta minorista.
La presencia de Tehuelche, Chamamé Rosalindaimpacto de la investigación pública aplicada al desarrollo productivo.
Fuente: INTA